El 14 de marzo se conmemora el bicentenario de la promesa que el pueblo y las autoridades de la época le hicieron a la Virgen del Carmen para que intercediera a favor de la independencia. En el lugar donde se libró la Batalla de Maipú se erige el santuario. «Chile existe por la misericordia de la Virgen María. La gloria del Estado es deudora de la advocación a la Virgen del Carmen», advierte el sacerdote y poeta Joaquín Alliende Luco.

«Hoy es el día de la patrona de nuestros ejércitos. Desde lo alto del Carmelo se ha derramado la virtud de la fortaleza sobre los defensores de la patria, sobre los hijos de la libertad que sostienen con las armas la que recibieron del cielo».

Ese es parte de un texto que se publicó en la Gazeta de Santiago el 19 de julio de 1817, en los días posteriores a la celebración del día de Nuestra Señora del Carmen, fecha que ese año adquirió un sello especial a raíz de la condecoración de los héroes de la Batalla de Chacabuco, en la Iglesia de San Francisco, con la presencia protagónica de Bernardo O’Higgins y el general rioplatense José de San Martín

El 5 de enero de 1817, en los días previos al exitoso y arriesgado cruce de la cordillera, se realizó la jura solemne de la Virgen del Carmen como Patrona del Ejército de los Andes, en la Iglesia Matriz de Mendoza. San Martín puso su bastón en la mano derecha de la imagen mariana, como símbolo del mando supremo de María sobre dicho ejército.

Bartolomé Mitre escribió en «Historia de San Martín» que a imitación y ejemplo de su amigo y de su maestro en virtudes, el general Belgrano, «eligió por Patrona del Ejército a la Virgen del Carmen, de la devoción del pueblo de Mendoza, pero lo hizo con las formalidades graves de su carácter disciplinario. Sometió el punto a una junta de oficiales generales y de acuerdo con ella la hizo declarar por tal en la orden del día».

«En el mismo lugar de su misericordia, que será el de su gloria»

Sin duda que la devoción carmelitana ha tenido un papel preponderante en la génesis y desarrollo de nuestra independencia. Ha estado presente en los momentos más decisivos, en nuestros triunfos y derrotas. El sacerdote Joaquín Alliende Luco, miembro del Instituto Secular Padres de Schoenstatt -quien fuera además el primer rector del Santuario Nacional de Maipú y autor de numerosos volúmenes sobre este tema, entre otros «La Virgen del Carmen, Chile y Maipú»-, afirma a «Artes y Letras» que para entender este vínculo con la Carmela, hay que remitirse al desastre de Cancha Rayada: el ataque nocturno realista que terminó diseminando al ejército patriota, quedando O’Higgins gravemente herido. En Santiago cundió el pánico, y el desorden político casi lleva al descalabro. Todo lo ganado en Chacabuco, estuvo a punto de perderse de manera fulminante.

«Llegan noticias horrorosas y comienza el éxodo hacia Mendoza. La noche del Viernes Santo, la noche del Viernes Santo de la Patria, se encuentran San Martín y O’Higgins, exangües, derrotados. Se encuentran en la oscuridad total. Se decía que O’Higgins había muerto en la acción, así que cuando lo vio el general rioplatense realmente pensó que había resucitado. Los mismos soldados decían ‘Resucitó, resucitó'», rememora Alliende Luco y agrega que en la mañana de Sábado Santo, después de la misa de resurrección (en ese tiempo las misas pascuales se realizaban en las primeras horas del día sábado), deciden partir a Chimbarongo. «San Martín le aconseja al prócer chileno cuidar su salud y parte rumbo a donde después tendrá lugar el gran triunfo, frenando de manera decisiva el avance realista».

En los días anteriores al enfrentamiento, el 14 de marzo de 1818, nuevamente la Virgen del Carmen tendrá un papel crucial. Luis de la Cruz, director supremo delegado, y monseñor Ignacio Cienfuegos, en ese entonces obispo de Santiago, ante el susto propinado por las fuerzas realistas, bajo el mando de Osorio en Cancha Rayada, deciden acudir a la Catedral en la Plaza de Armas. «Ahí depositan su confianza en la intercesión de la Virgen del Carmen y juran construir un templo en su memoria en el lugar donde se afirmase para siempre la libertad de Chile. Ahí tiene lugar el llamado Voto de O’Higgins. Por eso en 2018, junto con celebrar el bicentenario del sello de nuestra independencia con la Batalla de Maipú, el 14 de marzo (ver recuadro) conmemoraremos los 200 años del amparo y protección de la Virgen del Carmen. Es el propio pueblo, la propia feligresía, la que acude a ella y pide que interceda. Son 200 años de una promesa que marcaría nuestra historia para siempre», advierte Germán Domínguez, director del Museo del Carmen de Maipú.

El texto del juramento, publicado en la Gazeta de Santiago el 14 de marzo de 1818, señala que en el mismo sitio donde ocurra la batalla se levantará un «Santuario de la Virgen del Carmen, Patrona y Generala de los Ejércitos de Chile, y los cimientos serán colocados por los mismos magistrados que formulan este voto y en el mismo lugar de su misericordia, que será el de su gloria».

El sacerdote Joaquín Alliende Luco, quien además es Miembro de Número de la Academia Chilena de la Lengua, afirma que se trata de «una frase muy hermosa, estética, pero también muy fuerte para nuestro país. Chile existe por la misericordia de la Virgen María. La gloria del Estado es deudora de la advocación a la Virgen del Carmen», dice.

El 5 de abril de 1818, el general rioplatense en medio de la batalla y viendo flaquear un ala del ejército, grita a la tropa entusiasmado: «Nuestra Patrona, la Santísima Virgen del Carmen, nos dará la victoria y aquí mismo le levantaremos la iglesia prometida para conmemorar este triunfo». El 7 de mayo, una vez asegurado el éxito frente a Osorio, se firma el decreto supremo. El 23 de mayo, en la Gazeta Ministerial, se publica que «no debe tardarse un momento el cumplimiento de esta sagrada promesa».

Al rescate de la religiosidad popular

Hacia fines de 1818, Bernardo O’Higgins pone la primera piedra del templo de Maipú, en cumplimiento del voto nacional. «Las damas de la aristocracia, acostumbradas a ser servidas, sirvieron, turnándose por semanas, a todos los obreros y trabajadores en la construcción de la Iglesia», advierte el sacerdote Joaquín Alliende Luco. Un año después, el prócer chileno firma otro decreto instando a que se aceleren los trabajos, en vista del poco avance de las obras.

Germán Domínguez añade que «la verdad es que hubo muchos intentos fallidos de construcción. Se constituyeron comisiones y se manifestó públicamente la decisión de dar vida a esa promesa, pero por distintas razones -entre otras un clima de anarquía política- no fue sino hasta durante la Presidencia de Domingo Santa María cuando se decretan los fondos necesarios para la culminación de los trabajos».

En abril de 1892 se inauguró solemnemente el templo pero, pocos años después, en 1906, un violento terremoto causó estragos en la construcción. En diciembre de 1942, el congreso mariano que se celebró en Santiago tomó como único acuerdo construir un imponente santuario en Maipú, en los terrenos de la antigua Capilla de la Victoria, para honrar a la Virgen del Carmen.

Fue así como el 16 de julio de 1948, el arzobispo de Santiago y después cardenal, Monseñor José María Caro, mandó iniciar la construcción del nuevo santuario. Se llamó a concurso y el diseño ganador fue adjudicado por el arquitecto Juan Martínez Gutiérrez.

«Se creó la Corporación Voto Nacional O’Higgins para poder finalizar este objetivo. Se hizo un esfuerzo económico en el que participó prácticamente todo Chile. Se recibieron donaciones en especies, en joyas, propiedades y dinero. Hubo peregrinaciones a la Virgen en todo el país. Se movilizó todo el territorio para, finalmente, concluir esta promesa en 1974. Convencidos en que la devoción a la Virgen del Carmen estaba fuertemente arraigada en nuestro país, colaboraron diversos gobiernos y municipalidades», explica el director del Museo del Carmen de Maipú.

El sacerdote Joaquín Alliende Luco añade que el cardenal Raúl Silva Henríquez tuvo un papel fundamental en esta fase. «Él realmente se atrevió a hacer el cambio. Yo le dije que la gran arma para movilizar al pueblo era la religiosidad popular y que había que tener un templo no para las élites, sino para el mundo popular. El Concilio Vaticano II llegó por el vehículo de la teología y la pastoral europeas y entonces fueron muchos los pastores que permanecieron extraños a su pueblo. Había que unir pueblo, nación e Iglesia, y eso hicimos».

Alliende Luco recuerda que en 1966 Silva Henríquez creó el Equipo Pastoral de Maipú y lo nombró director. A este equipo se le encarga asesorar a la Conferencia Episcopal en materia de religiosidad popular y de pastoral de masas. «Revitalizamos la devoción a la Virgen del Carmen propiciando las peregrinaciones masivas y una catequesis popular en un momento poco propicio para ello. Post Concilio Vaticano II tiene lugar, en 1968, la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, en Medellín (Colombia). Ahí nació un documento muy valioso pero politizado. Siempre he dicho con ironía que en este ‘portento’ de documento sobre religiosidad popular no cita, en ninguna línea, a la Virgen María en Latinoamérica. Un despropósito», expresa el sacerdote.

El autor de «MadreAlma, Carmen de Chile» remata que existe una frase en latín: umbilicus mundi relativa al ombligo del mundo. «El ombligo es el origen. Esa marca, ese origen, está dado por la mujer que da a luz, y esa mujer, en nuestro caso, está simbolizada en la Virgen del Carmen y en Maipú. Ahí nace la Patria Libre. Todos los pueblos cuando están en crisis recurren a su origen. El origen es clave, porque permite reestablecernos».

En esa línea, Germán Domínguez puntualiza que hoy el santuario es un «foco que estimula, atrae y da espacio a la religiosidad popular. Los chilenos, a diferencia de otros habitantes de países americanos como México, no tenemos un carácter tan exuberante. Somos más bien comedidos, más silenciosos en nuestra devoción mariana, pero desde siempre, y eso se reveló de manera más fuerte en la reciente visita del Papa Francisco, la Virgen del Carmen ha tenido un lugar protagónico».