Quienes visitan museos usualmente tienen la fama de educados y súper académicos, ¡pero estos espacios son para todos! Raúl La Torre nos da hoy siete razones por las cuales todos debiésemos encontrar ese museo que nos roba el corazón.

La historia dice mucho de quienes somos y viceversa. Es por ello que los museos tienen muchos datos importantes para conocernos, como seres humanos, americanos, latinoamericanos, chilenos y seguir hasta llegar a uno mismo.

Cuando chico, una de las cosas que más me gustaba era ir a visitar museos. Es más, de los mejores recuerdos que tengo con mis primos, es un día de cielo gris, típico de Lima (soy peruano), saliendo muy ansioso por la mañana para un día entero de visitas a museos por el Centro Histórico de la capital peruana, con su respectivo almuerzo en el Barrio Chino de la Calle Capón —para los entendidos- y continuar hasta que nuestros cuerpos reclamaran volver a casa.

Tal vez ello hizo que años después me decidiera por estudiar historia, que hoy trabaje en un museo y que el pasado verano haya llevado a mi hijo de dos años más veces a museos que a la playa. Excelente mi partner, apaña a todas.

Es posible que mi gusto por estos espacios llenos de historia y objetos curiosos, tenga mucha relación con los panoramas culturales que se les ocurrían a mis tías Bertha y Celia. Pero dentro de mis salidas veraniegas con mi pequeño hijo, comencé a preguntarme para mí mismo si realmente los museos son atractivos para visitar, o si sencillamente es uno más de mis curiosos gustos.

Es así como comencé a preguntarle a mis amigos sobre cuál era su museo preferido, y noté que sí tenían un gusto por ellos y que sí tenían en mente el museo que más les había gustado en sus vidas.

Y dado que en lo cotidiano me relaciono con varias de estas instituciones culturales, pude tomar en cuenta que la oferta es amplia, variada y para todos los gustos. Generando cada cual, una reacción a su público afín, sea buena o mala, pero llegando a la idea de que no todas las personas deben de tener un concepto único de museo en la cabeza, algo así como la imagen de una sala gigante con un gran esqueleto de algún dinosaurio en el medio de ella, como la que se usa en las películas o series.

El museo, más allá de su significado académico, es un espacio en el que se desarrollan actividades permanentes como la conservación, restauración y exhibición de objetos particulares. Obvio que todos ellos relacionados a la misión y los objetivos de cada institución.

Quisiera, muy a manera personal, compartirles una serie de elementos por los cuales se hace importante que vayamos a los museos. Advierto que es una opinión basada en mis gustos, experiencia laboral y la lectura de más de algún escrito relacionado al tema, que no hizo más que validar mis intuiciones.

1. Un día distinto al resto de tus días

Cuando recuerdo los días de museos de mi infancia, descubro que ellos tienen mucho en común con lo que se genera en las personas que visitan el museo donde trabajo, a quienes interrogo sobre qué hicieron durante el día, sus expectativas y las impresiones del lugar visitado. En ello hay toda una planificación que hace vivir una jornada diferente a las demás, una preparación especial que anticipa lo que se está por descubrir, porque detrás de todo, muchos visitantes van a los museos buscando sorprenderse con objetos que cuentan más allá de sí mismos. Y esta jornada distinta no termina en el instante que se sale del edificio, sino que continua varias horas más, comentando, recordando o pensando lo visto.

2. “Conversando” con la historia

Los museos son como lugares encantados, misteriosos y algunos hasta tenebrosos, pero todos ellos sumamente entretenidos si hacemos lo correcto. ¿Qué es hacer lo correcto? Pues “hablar” con ellos, sacarles los secretos que guardan. Es así como una simple obra de arte nos podría contar la vida de su autor, el estilo que usaba, la época en la que vivía, a quiénes admiraba, qué creía, etc. Mejor aún, para los amantes de la historia como yo, podríamos descubrir que, por ejemplo, durante el siglo XIX y hasta entrado el siglo XX, se usaban unos objetos parecidos a una bacinica de porcelana, llamados escupitines, que se ponían en las salas o comedores de alguna casa, y donde las personas se acercaban para echar en ellas, obviamente por el nombre, sus escupos. Esa rara costumbre, adoptada también por la aristocracia chilena, ya desapareció, pero ese dato fue posible saberlo a partir de preguntarle al objeto cómo se llamaba y para qué servía.

3. Promo 2×1

Suele pasar que los museos son albergados en un edificio que también tiene mucho que contar. Alguna vez alguien me dijo que lo que más le gustaba de los museos europeos, era ese 2×1, o sea, ir a visitar un objeto y a su vez conocer un edificio patrimonial. Aquello me hizo eco, me puse a repasar mentalmente los museos chilenos y noté que aquí también se daba esa promo, por ejemplo, en el caso del Museo Histórico Nacional, el Bellas Artes o el San Francisco, por nombrar solo tres de los más conocidos y visitados.

4. ¿Quiénes somos?

Es posible que a mi hijo también le gusten los museos (ojalá), pero cuando le pregunten sobre su gusto, él podrá responder que aquello se debe a las salidas que tenía con su papá (no le quedaba otra jaja). Con este ejemplo, quiero decir que la historia dice mucho de quienes somos y viceversa. Es por ello que los museos tienen muchos datos importantes para conocernos, como seres humanos, americanos, latinoamericanos, chilenos y seguir hasta llegar a uno mismo.

5. Datos que humanizan el pasado

Si eres de los que les encantan los datos curiosos, tu próxima parada tendría que ser algún museo (¿o no Barañao?), porque están llenos de ellos.
Así como escribí sobre la rara costumbre de usar escupitines, se podría descubrir una infinita cantidad de datos curiosos que no hacen más que humanizar a las personas que vivieron en otras épocas. Quizá en cien años más encontraremos un rollo fotográficode 24 fotos en algún museo y las personas comentarán con ironía lo absurdo de usar una película que sólo permitía tomar esa cantidad de imágenes, y ma´ encima, que no se podían ver y editar al instante. Creo que eso ya debería de estar en algún museo, ¿o no?

6. Respuestas inesperadas

Esta parte es la que más me gusta, sobre todo cuando me toca recibir la visita de los más pequeños. Es increíble cómo los niños parten inmediatamente a hacerle preguntas a los objetos, usando su imaginación y creatividad para tratar de descubrir el por qué de las cosas.

De los momentos más increíbles que me tocó vivir fue cuando, guiando a un grupo de estudiantes de diez años, les pregunté por qué creían que un documento tenía una firma de Bernardo O’Higgins muy diferente a las otras. Después de recibir varias respuestas muy parecidas a las que muchos de nosotros podríamos elaborar, un niño levantó la mano y me dijo: “pero es muy fácil. ¿Cómo va a firmar O’Higgins con su mano si la tenía herida en esa fecha? Obvio que la hizo con la otra mano”.

Después de un breve silencio, lo felicité y me emocioné porque, aunque parezca muy fácil de deducir, nadie antes me había dado tal respuesta. Fui al depósito del museo a comprobar la fecha del sobre que contenía el documento de la firma diferente y sí, esa carta fue firmada efectivamente poco después de que O’Higgins fuera herido en el “Desastre de Cancha Rayada”. Dentro de su simplicidad, aquella respuesta fue la pieza que nos faltaba para reanudar y encausar la investigación.

7. ¿Un mal día? ¡Anda al museo!

Así como existen múltiples estudios que hablan de los beneficios de estar expuestos a la naturaleza, de hacer deportes o comer de forma saludable, otros tantos hablan de cómo las visitas a los museos nos hacen sentirnos más felices. En Canadá, inclusive, podrían hasta recetarte visitar un Museo. Los estudios son varios, pero no es la intención de este breve escrito profundizar en ello, sino basarme en la opinión de este humilde “escribidor”.

Bonus Track: mi top 5 de museos en Chile

Museo de San Francisco: este es un viaje en el tiempo y una experiencia tal vez única en Santiago, por estar dentro del conjunto patrimonial de la Iglesia de San Francisco, el edificio más antiguo de nuestra capital. Posee una amplia colección de arte colonial. Imperdible.

Casa Museo Eduardo Frei: con un estilo muy particular, la casa del expresidente Frei Montalva y su familia, tiene un recorrido interesante. El comedor con la vajilla que se utilizó cuando la reina Isabel II visitó Chile, es mi sala preferida. Da para reflexionar mucho.

Museo del Carmen de Maipú: es muy poco conocido y más grande de lo que se puedan imaginar; lo que iba a ser una cripta para los héroes de Maipú, se convirtió en un museo que tiene, entre varias otras cosas, la colección de carruajes presidenciales.

Museo de la Moda: un concepto diferente, pero muy entretenido, sobre todo por las variedad de sus exposiciones temporales. Me encanta la arquitectura del lugar.

Museo de Colchagua: debe de ser el museo más completo al que he ido en Chile. Su recorrido parte desde hace miles y millones de años atrás y culmina con una exposición del rescate de los mineros en el norte de Chile. Lo recomiendo y advierto que es para un día entero.